Prefiero darte una propina porque he visto que todos los juguetes que te he regalado han terminado hechos trizas. Esa era la frase que año con año oía de boca de mi padrino de bautizo el día de mi cumpleaños. En efecto, no podía argumentar nada a mi favor porque siempre tuve el deseo irrefrenable de ver qué tenían mis juguetes por dentro. A decir verdad, sólo los balones de fútbol se salvaron de estos procedimientos invasivos pero creo que todos los niños tiene un poco de esta conducta en relación a sus juguetes. El deseo de manipular y curiosear un juguete es inherente al niño y, deberíamos decir al ser humano. En efecto, esta conducta está muy relacionada al potencial evolutivo del hombre que es el único animal, además de los primates que usa herramientas en su rutina diaria. Esto hace que su instinto lo lleve a analizar todo nuevo artefacto que encuentra, su mente lo observa detenidamente, lo analiza desde todos sus ángulos y forma una figura mental para luego clasificarlo en su psique. Incluso, cuando ya ha visto para que sirve, trata de encontrarle un segundo, y hasta tercer uso, para poder utilizarlo conforme se vayan presentando sus necesidades.

Imagen tomada de Flickr por monky.cl
En este proceso, el niño aprende a desarrollarse con el entorno, es capaz de encontrar soluciones.
Seguir leyendo »

Añadir a del.icio.us





